Alimentación funcional y cáncer. Una apuesta de futuro.

La pérdida de peso o un estado nutricional deficiente en el paciente con cáncer son factores de riesgo de una bajo cumplimiento del tratamiento antitumoral, mayor riesgo de aparición de efectos tóxicos y una disminución de la supervivencia esperada.

El soporte nutricional debe considerase de forma sinérgica a los tratamientos oncológicos, con el fin de mejorar la adherencia al tratamiento propuesto (evitar reducción de dosis y retrasos), reducir la aparición de efectos secun­darios y conseguir una respuesta óptima.

Los alimentos además de aportar nutrientes esenciales, contienen una serie de sustancias biológicamente activas que influyen en la actividad celular y en los mecanismos fisiológicos con efectos beneficiosos para la salud, en el contexto de una alimentación saludable. Según el International Life Science Institute (ILSI-EUROPE 1999), un alimento puede considerarse funcional si ha demostrado científicamente que afecta de forma beneficiosa a una o más funciones del organismo, más allá de sus efectos nutricionales, de manera que es relevante tanto para mejorar la salud y bienestar como para reducir o tratar enfermedades.

Las sustancias activas o fitoquímicos las encontramos de forma natural en las plantas (frutas, vegetales, legum­bres, cereales integrales, frutos secos, semillas, setas, hierbas aromáticas y especias), la mayoría son componentes que se relacionan con sus propiedades organolépticas (color, olor y sabor).

La incorporación de determinados alimentos, según su composición en fitoquímicos y la función de los mismos, puede ayudar a:

– Reforzar el sistema inmunitario

– Regular los mecanismos inflamatorios

– Regular la angiogénesis (formación de vasos sanguíneos, para la supervivencia de las células tumorales)

– Efecto antitumoral

Todo ello con la finalidad de aumentar la capacidad de respuesta biológica propia del organismo, para ejercer un efecto sinérgico con los tratamientos propuestos.

El té verde contiene numerosos polifenoles, los más importantes las catequinas y entre ellas la epigalocatequina 3-galato (EGCG), es uno de los componentes bioactivos más poderosos contra la formación de nuevos vasos sanguíneos por parte de las células cancerosas para su progresión (angiogénesis), además parece tener efecto sinérgico con la quimioterapia y radioterapia sobre las células estudiadas de tumores hepatocelulares, tumo­res mamarios y prostáticos. El EGCG se destruye durante la fermentación que se precisa para elaborar el té negro, pero lo encontramos en grandes cantidades en el té verde.

Para su preparación el agua de la infusión no debe hervir, no debe alcanzar los 90º, para así disminuir la pérdida de oxígeno del agua. Para que el té libere al máximo las catequinas debe dejarse infusionar entre 8-10 minutos. Se recomienda consumir entre tres y cinco tazas al día con regularidad en pacientes con tratamiento antitu­moral. En caso de prevención la dosis suele ser menor.

La cúrcuma es una especie muy usada en la cocina hindú y en la medicina ayurvédica. El principal agente activo es la curcumina que parece ser capaz de inhibir el crecimiento de las células tumorales mediante diferentes mecanismos (se encontraron estudios publicados con células tumorales de ovario, mama, útero, colon, hígado, vías biliares, pulmón, páncreas, estómago, esófago, leucemia, cáncer de cuello, melanoma, osteosarcoma, etc), con potencial antiinflamatorio e inmunomodulador. Otros estudios refuerzan su efecto sinérgico con la quimio­terapia y su efecto protector frente a la toxicidad en mucosas, hígado y riñones.

A nivel nutricional se recomienda incorporar una dosis equivalente a 1 cucharadita de café al día, siempre mez­clada con pimienta negra, para mejorar la absorción intestinal, y con un ácido graso rico en omega 3 (aceite de oliva, aceite de sésamo), para aumentar su biodisponibilidad.

 

En el Institut Khuab orientamos al paciente hacia una alimentación funcional la cual permite ampliar el con­cepto establecido de dieta saludable, incorporando objetivos de trabajo como el equilibrio de la microbiota intestinal, la inmunonutrición y la activación de las vías de detoxificación, entre otros, teniendo en cuenta la composición y la sinergia de los diferentes alimentos con la finalidad de conseguir un estado nutricional que ayude a obtener una respuesta óptima al tratamiento oncológico, disminuyendo los efectos secundarios y me­jorando la calidad de vida percibida.