Efectos tóxicos de la quimioterapia y como reducir la toxicidad

Las enfermedades tumorales son enfermedades de origen multifactorial en las que algunas células proliferan exagerada y descontroladamente dejando de estar vinculadas a la organización y jerarquía propia del organismo complejo. Por este motivo suelen ser enfermedades difíciles de tratar. Esta dificultad justifica que los tratamientos disponibles actualmente para tratarlas, a pesar de los avances y la llegada de los tratamientos oncodirigidos y la inmunoterapia, suelen ser fármacos con una eficacia probada en «matar» células tumorales pero que, al mismo tiempo, tienen un impacto sobre células sanas.

En general, los fármacos utilizados como quimioterápicos, tienen una elevada toxicidad sobre el organismo, afectando sobre todo a los tejidos más vulnerables, y generando unos efectos secundarios que reducen la calidad de vida de los pacientes, así como su capacidad de respuesta orgánica. Los tejidos más afectados son aquellos que necesitan un recambio más frecuente o aquellos que tienen por naturaleza menos capacidad de regeneración:

  • La médula ósea. Es el tejido donde se generan las células sanguíneas: glóbulos blancos (defensas), glóbulos rojos (hematíes) y plaquetas. Estas células son imprescindibles para la inmunidad (células blancas), el transporte de oxígeno a los tejidos (células rojas), y la cicatrización (plaquetas); por eso es muy frecuente que pacientes sometidos a tratamientos quimioterápicos tengan anemia, bajada de defensas o dificultad para coagular o aumento del riesgo de sangrado.
  • El sistema digestivo y especialmente la mucosa digestiva. La mucosa digestiva es el epitelio que recubre la parte interna de todo el tracto digestivo y tiene la función de absorber los nutrientes que ingerimos así como hacer de sustrato y apoyo de la flora intestinal. Este sistema complejo es imprescindible para mantener el estado nutricional del organismo, garantizar que tiene todos los recursos que necesita para funcionar y garantizar la absorción de nutrientes necesarios para generar la energía que hace funcionar el resto de tejidos del cuerpo. Prácticamente todos los fármacos quimioterápicos tienen un efecto negativo sobre la mucosa digestiva y la flora intestinal, generando síntomas limitantes (náusea, diarrea, estreñimiento, flatulencias, ardor, reflujo…), y dificultando la absorción de nutrientes y energía, debilitando severamente el organismo.
  • El sistema nervioso, tanto central como periférico y los órganos de los sentidos. Las neuronas (células del sistema nervioso) son células muy sensibles a los tóxicos, además de ser las células con menor capacidad de regeneración una vez dañadas. Algunos quimioterápicos tienen un impacto negativo especialmente sobre los nervios periféricos generando síntomas como adormecimiento de los dedos de manos y pies, sensación dolorosa con el frío y dificultad para caminar dada la insensibilidad de los pies. Además, la mayoría de tratamientos quimioterápicos tienen un efecto sobre la capacidad cognitiva general (afectando el sistema nervioso central) llamado en inglés «chemobrain«, que puede dar lugar a trastornos de concentración y atención, problemas de memoria, problemas de visión y oído.
  • El hígado. El hígado es el órgano detoxificador por excelencia. Prácticamente todos los fármacos tienen que pasar por el hígado para ser modificados para que sean efectivos o para poderlos eliminar. El hígado, en cualquier tratamiento farmacológico, está sometido a un exceso de trabajo, que puede dar lugar a síntomas inespecíficos como poco apetito, poca energía, dificultad para digerir, acumulación de tóxicos … y que, en caso de fallo funcional, provoca cuadros graves e imposibilidad de seguir con los tratamientos quimioterápicos.

Sabiendo que la quimioterapia es necesaria como tratamiento de determinadas enfermedades tumorales, y conociendo los posibles efectos tóxicos que puede tener, desde el Instituto Khuab enfatizamos la importancia de ayudar al organismo a:

  1. Favorecer la eliminación de tóxicos y evitar su acumulación en determinados tejidos.
  2. Reducir el impacto negativo sobre los tejidos.
  3. Mejorar la funcionalidad orgánica.
  4. Obtener los recursos necesarios para garantizar la regeneración de tejidos.
  5. Mantener la inmunidad efectiva y eficaz.
  6. Mantener el equilibrio homeostático del organismo.
  7. Reducir el impacto a medio y largo plazo de la toxicidad.

Entendemos que el enfoque multidisciplinario y holístico es fundamental para alcanzar estos objetivos. En el Instituto Khuab creamos estrategias personalizadas para acompañar a nuestros pacientes durante las fases de tratamiento más tóxico, minimizando su impacto negativo y favoreciendo la máxima calidad de vida posible y ayudando a la detoxificación y regeneración entre ciclos de tratamiento. En fases de descanso o finalización de tratamientos quimioterápicos priorizamos la recuperación, regeneración y detoxificación, promoviendo la salud, el reequilibrio orgánico, la normalización de la inmunidad y la promoción de hábitos saludables incidiendo en la prevención secundaria.

Con estos objetivos, la estrategia para cada paciente puede ser diferente en función de las necesidades específicas de cada uno, así como en función del tipo de tratamiento que sigue, pero incluye: el abordaje nutricional (fundamental para garantizar un sistema digestivo en buenas condiciones y la aportación y absorción de nutrientes imprescindibles), los tratamientos intravenosos (necesarios para garantizar la llegada directa a las células), la suplementación oral (para que se puedan llevar a cabo los procesos de reparación y regeneración celular ) y el soporte y seguimiento médico y asistencial de nuestro equipo experto, cercano y altamente cualificado, con el fin de detectar precozmente necesidades o síntomas específicos y tratarlos

Algunas normas y hábitos básicos durante el tratamiento con quimioterapia:

  • Evitar la actividad física intensa durante las 48h post quimioterapia.
  • Favorecer el descanso y reposo mientras el cuerpo no tenga suficiente energía.
  • No comer en exceso antes del tratamiento ni inmediatamente después.
  • Aumentar la ingesta de líquidos las 24h antes y después del tratamiento.
  • Comer alimentos nutritivos, en pequeñas cantidades y con frecuencia, antes y después del tratamiento.
  • No exponerse a inclemencias climáticas ni a sobreesfuerzos físicos.
  • Evitar la ingesta o exposición a otros tóxicos: contaminación, tabaco, estimulantes …
  • Evitar el estrés emocional en general.
  • Aprovechar los días entre tratamientos, una vez que el cuerpo se haya recuperado un poco, para caminar al aire libre y respirar aire puro en la naturaleza.

 

M. Velat Ràfols, directora médica

por M. Velat Ràfols, directora médica