microbiota intestinal

El papel de la microbiota intestinal en las enfermedades hepáticas crónicas

La microbiota intestinal es un órgano dinámico, su composición está influenciada por múltiples factores relacionados con nuestro estilo de vida. Una alimentación con exceso de procesados, conductas tóxicas (exceso de ingesta de alcohol o adicción al tabaco), un estilo de vida sedentario, un grado de estrés elevado o la incapacidad de gestionarlo, un descanso no reparador o dormir menos de 7-8 horas al día, y el desajuste de nuestros ritmos circadianos pueden alterar su diversidad y su funcionalidad convirtiéndose en un factor causal o agravante de múltiples enfermedades.

Las alteraciones en la microbiota intestinal impactan en la permeabilidad de la barrera intestinal. Esta barrera define la capacidad del intestino para mantener en su interior el contenido derivado de los procesos intestinales (que no debería entrar en el medio interno), preservando su capacidad para absorber nutrientes.

El aumento de la permeabilidad intestinal (la pérdida de la integridad de la barrera intestinal, volviéndose más porosa), favorece la entrada de substancias que de forma normal no deberían traspasar esta barrera y además facilita el sobrecrecimiento de bacterias patógenas y la reducción de aquellas que cumplen con funciones beneficiosas. Toda esta condición se ha relacionado con la alteración de la funcionalidad hepática, con independencia de la causa de la lesión hepática.

Los estudios actuales apuntan que el eje intestino-hígado influye en la aparición y evolución de las enfermedades hepáticas crónicas.

Investigaciones actuales están contribuyendo a caracterizar el daño de la barrera intestinal en la cirrosis, identificando opciones que puedan ayudar a mejorar su permeabilidad con impacto potencial en el pronóstico de esta enfermedad.

También se ha encontrado que en los pacientes con hepatitis crónica por virus C el nivel circulante de lipopolisacáridos (LPS) aumenta, lo que sugiere una translocación microbiana (el paso de bacterias y/o sus productos desde el intestino a otras partes del cuerpo – ganglios mesentéricos) que está relacionada con la inflamación hepática, que contribuye a la fibrosis y progresión de la enfermedad.

Estudios llevados a cabo con ratones con hígado graso no alcohólico (NAFL por sus siglas en inglés) se ha observado una reducción de Faecalibacterium prausnitzii, un componente de la microbiota intestinal conocido por sus propiedades antiinflamatorias. Cuando se alimentó a estos ratones con fibra prebiótica, los resultados mostraron que aumentó el crecimiento de esta bacteria, disminuyendo la proporción de grasa hepática en las ratas.

Publicaciones recientes trasladan los beneficios de incorporar alimentos fermentados o suplementos probióticos. El estudio llevado a cabo por el Hospital Sagrado Corazón y la Universidad de Hallym (Corea del Sur) los pacientes que ingirieron durante 7 días cultivos de 1.500mg de Lactobacillus subtilis y Streptococcus faecium experimentaron una mejora de indicadores de funcionalidad hepática, cómo la bilirrubina, el aspartato aminotransferasa, las fosfatasas alcalinas o la gamma glutamil-transferasa.

Investigadores de la Universidad de Granada han comprobado que tomar tres cepas de probióticos: Lactobacillus paracasei, Bifidobacterium breve y Lactobacilus rhamnosus, durante 30 días disminuyó la acumulación de grasa en el hígado de los ratones, y se redujeron también los marcadores de inflamación.

Así pues, la microbiota intestinal tiene un papel importante en las enfermedades hepáticas crónicas. La disbiosis detectada en la enfermedad hepática, es al mismo tiempo causa y consecuencia de esta enfermedad, debido a los múltiples mecanismos por los cuales la microbiota intestinal interactúa con el hígado. La suplementación con probióticos, así como, una alimentación dirigida al buen mantenimiento del intestino puede ayudar a mejorar la funcionalidad hepática en estas enfermedades crónicas.

RECETA PRE Y PROBIÓTICA PARA CUIDAR DE TU INTESTINO

Maceración de semillas de chía en un yogur vegetal.

Ingredientes: 1 yogur vegetal (no debe contener lácteo, ejemplos: yogur de soja, yogur de coco, yogur de almendras); 2c/soperas de semillas de chía.

Preparación: Colocar el yogur en un bol, añadir 2c/soperas de semillas de chía y remover bien. Dejar macerar toda la noche. Por la mañana sacar de la nevera 1 hora antes de su consumo.

El yogur es uno de los alimentos que facilita el aporte de bacterias beneficiosas para el intestino. Cuando lo dejamos macerar con semillas de chía, éstas generan una especie de substancia gelatinosa conocida como mucílagos. Esta fibra soluble es fermentada por nuestras bacterias intestinales generando ácidos grasos de cadena corta con múltiples funcionalidades, entre ellas reparar nuestra barrera intestinal.

por Esther Deltor
Responsable área nutrición Institut Khuab