Estrés y enfermedad

El estrés es una respuesta natural y adaptativa que aparece en relación con las condiciones del entorno; tanto si vivimos una situación como amenaza o como un reto, nuestro cerebro activa una serie de mecanismos con el objetivo que el cuerpo esté preparado para hacer frente a la situación.

Nuestro organismo está preparado para hacer frente a situaciones de estrés sin que ello suponga consecuencias irreversibles. No obstante, cuando por diferentes circunstancias las situaciones de estrés aisladas, se convierten en situaciones mantenidas a lo largo del tiempo, ese estrés crónico conlleva cambios a nivel de los diferentes sistemas.

Preocupaciones prolongadas o estrés crónico implican que las glándulas suprarrenales sinteticen una hormona llamada cortisol. Su metabolismo, aumenta la permeabilidad intestinal, afectando a la estabilidad de la microbiota, favorece la secreción de mediadores inflamatorios, incrementa la concentración de glucosa sanguínea, deprime el sistema inmunitario, desequilibra el balance hormonal, entre otros aspectos de desequilibrio del organismo. Por ello el estrés mantenido se ha relacionado con el desarrollo de trastornos cardiovasculares, hipertensión arterial, alteraciones digestivas, trastornos musculo-esqueléticos, alteraciones de la piel, cáncer o alteraciones psiquiátricas.

En la actualidad, profesionales expertos en estrés destacan el papel de la alimentación, especialmente alimentos muy procesados, ultracongelados, o bollería industrial, como agravantes, ya que éstos reducen las herramientas que tiene el organismo para minimizar su impacto negativo. Recomiendan el consumo de alimentos ricos en vitamina C y antioxidantes como pueden ser los cítricos (naranjas, limones, mandarinas), los frutos rojos, las frutas del bosque o el chocolate con un 85% de cacao, por su efecto beneficioso en estrés crónico.

Sabemos que la actividad física moderada practicada de forma regular, aumenta la liberación de endorfinas, unas sustancias químicas que reducen el cortisol y estabilizan los cambios de humor.

Además de llevar una buena alimentación y hacer actividad física, la risoterapia es un elemento clave. La risa aumenta la secreción de oxitocina, serotonina, dopamina, y endorfinas, todas ellas relacionadas con la felicidad, relajación y bienestar, reduciendo directamente los niveles de estrés. Por último, los aceites esenciales usados en aromaterapia. Sabemos que las esencias pueden cambiar la bioquímica del sistema nervioso. El aceite esencial de lavanda ha demostrado ser capaz de reducir la producción de las hormonas relacionadas con el estrés. Aplicado de diferentes formas: en masaje mezclado con un aceite de vegetal, añadido en el agua de la bañera, usarlos en una compresa caliente, colocados en un difusor o frotar una gota en puntos de pulso. Además los aceites esenciales pueden ser incorporados en lociones corporales, o champús.