¿Por qué medicina integradora?

Por el Dr. Gonzalo Fernández

Porque los pacientes, cada vez más informados y conscientes, están demandando una nueva relación con su salud y su enfermedad. Y, en realidad, esta demanda es la que ha tenido mucho que ver con la aparición de este concepto integrador sustituyendo otros, como “complementario” o “alternativo” que no respondían de manera adecuada a su verdadero significado.
La medicina integradora es aquella que combina todo el saber de la medicina convencional con todas aquellas otras técnicas e intervenciones que también están avaladas por datos científicos de calidad sobre su eficiencia y seguridad.

Es un movimiento que nace en E.E.U.U. en la década de los 90 y que se ha ido extendiendo progresivamente. Allí se están realizando programas de formación para médicos en universidades de mucho prestigio. En Europa es mucho más reciente y está dando aún sus primeros pasos.

Rápidamente hay que decir que medicina sólo hay una, que es aquella mejor y más adecuada para cada paciente en un momento dado. Así, lo que podría ser adecuado para una persona no lo es para otra ya que por sus características personales, su constitución e idiosincrasia, así como las circunstancias vitales en las que su enfermedad se desarrolla, son también diferentes.

Cuando hablamos de integrador nos estamos refiriendo no sólo una mera combinación o mezcla de procedimientos sino a un nuevo entendimiento de la salud y de cómo abordar la enfermedad e incluso a una nueva relación médico-paciente. No es que en medicina convencional no se promueva algunas de aspectos comunes pero aquí claramente se enfatiza la auto-gestión del paciente sobre su salud ayudándole a ser un verdadero agente activo en el alivio o resolución de su problema.

En efecto, en este camino de súper-especialización en el que se ha convertido la medicina (también fructífero, por otro lado) ha quedado un poco relegada, en la práctica, la visión del ser humano como un todo. Precisamente, en mi experiencia como director de un Máster de Homeopatía, son los médicos de Familia o los Pediatras (especialidades más “globales”) los colegas más interesados en abrirse a nuevos paradigmas y herramientas que les puedan ayudar a completar su visión y su trabajo clínico cotidiano. Porque ellos son los que más ven “la totalidad”.

Podría decirse entonces que esta visión la persona y del proceso de enfermar en todas sus dimensiones es algo característico de la medicina integradora. Otra sería el individualizar exquisitamente cada persona y cada situación para recomendar una o varias estrategias para llegar a la curación. Por ello es típico que se trabaje también de manera multi-disciplinar.

Es sobre todo en las enfermedades crónicas, la verdadera “epidemia” de nuestro tiempo, donde este enfoque tiene más sentido. En efecto, en enfermedades neuro-degenerativas, respiratorias, neuro-musculares, cáncer, etc., es donde se deberían utilizar todos los recursos disponibles que minimicen los efectos secundarios de algunos tratamientos y que contribuyan a aumentar la calidad de vida del paciente.

Y entre esos recursos la homeopatía, la acupuntura, las terapias psicológicas, la dieta y la nutrición, etc. son herramientas muy útiles en ese objetivo. Y todas ellas suman y son perfectamente compatibles con nuestros tratamientos convencionales.

Porque los pacientes aparte del nombre diagnóstico de la enfermedad tienen un nombre, el suyo. Un nombre y unas circunstancias concretas propias e intransferibles que lo hacen único, que van más allá de los estudios y estadísticas y que también deben ser abordadas si queremos que la curación o el alivio sean verdaderos y completos.

Por ello tengamos a nuestra disposición los últimos tratamientos más innovadores y seguros, las últimas tecnologías más eficaces, pero acordémonos del nombre de la persona a quien se lo estamos aplicando.

Porque eso, en definitiva, es lo esencial para toda metodología y para todo médico ¿no os parece?